En defensa propia...

>Los incidentes recientes, los homicidios de rateros que fueron muertos por sus asaltados, nos pone en la palestra de la discusión, varias cuestiones la mar de importantes, uno, nos revela que el auge del delito de robo a casas habitación y comercios, es producto del clima pendejo de impunidad que impera en la entidad, a raíz del atejonamiento que el gobierno y sus instancias de procuración de justicia tienen, ante la contundencia de las acciones criminales de quienes se disputan la hegemonía del territorio.

Dos, que la sociedad y sus actores no pueden ser testigos pasivos del cómo se rompe el pacto social que tiene que salvaguardar el gobierno estatal y municipal; no es aguantable que se estire la liga al máximo, sin que del seno de la propia sociedad y sus agentes económicos surja la respuesta en la misma línea en que se ha sido agredido, la violencia impune solo puede generar violencia legítima del agredido.

En el tejido social, no es posible admitir que se queden espacios, sin el resguardo de las instituciones públicas que tienen para ello sus obligaciones fundamentales; cuando un gobierno le hace al “tío Lolo” con su inacción que se expresa como la irresponsabilidad mayúscula de hacerse cargo del trabajo para el cual se le paga y ¡bien que se le paga! es cuando los particulares toman por sí, en sus propias manos la defensa legítima de sus valores primarios, su vida, su casa, su negocio.

¿Cómo llegamos a esta condición de patología social..?

Llegamos por un efecto perverso de la incapacidad gubernamental, al no enfrentar a las bandas delincuenciales como se debe, aparejado a estos conflictos de interés de todo tipo, la delincuencia menor, la que aparentemente estaba “controlada” por las policías estatales y municipal, tiene ante sí, la espléndida oportunidad de hacer “trabajos menores” con el clima de violencia selectiva, que genera el miedo y la irritación social, homicidios por encargo, secuestros con extorsión y robos con violencia.

LA PERVIVENCIA DEL DELITO

¿Tendríamos que llegar al inaudito de pedirle al “narco bueno” que cubra el espacio que dejó el Estado para que nos prodigue seguridad en nuestras casas y negocios?

Los ejemplos de Michoacán y Morelos debieron ser atendidos a tiempo, los criminales no tan solo oprimen con sus cuotas ilegales de pago de “plaza” hoy, reciben multas de tránsito y de delitos menores, se ha llegado al extremo de que ellos administran justicia de manera super expedita; juicios de millones de pesos muy peleados, ellos los resuelven en días mediante el uso de su presencia criminal.

Solo hay que preguntarles a comerciantes de Santiago, de Ruiz, de Tuxpan, para percatarse de que la patología criminal ya corroe el tejido social y las actividades primarias de los náyaros; han sido desatendidos muchos de los llamados de las organizaciones empresariales, y todos ellos, los tres niveles de gobierno son corresponsables del clima de incertidumbre, de inseguridad, del miedo a transitar por cualquier calle o avenida de nuestra ciudad capital.

La figura del delito inimputable, la defensa propia que prevee el código penal, hoy la estamos viendo, solo falta que cualquier lerdo agente del ministerio público no tenga la preparación mínima para saber instrumentar esta figura en la averiguación previa correspondiente; lo cual nada raro sería, un gobierno autista no puede satisfacer los intereses primarios de los ciudadanos.

De  ahí el porqué a quienes hacen uso de su derecho primario de defender su casa y su negocio, les asiste la razón histórica, jurídica y social; y estos son, los hechos detonantes que se expresan en una sociedad en crisis, que desde luego tienen el beneplácito de la sociedad en su conjunto; si el gobierno no puede parar la ola de robos, las balas de los agraviados en contra de los delincuentes, son una importantísima razón para corregir la dejadez que ha propiciado la inseguridad pública.

En el ocaso del sexenio, les queda poco espacio para cumplir con sus responsabilidades, so pena de que esto se incremente y se llegue al extremo de constituirse los comandos rudos para la defensa de los intereses vitales de la sociedad. Entonces sí, estaríamos en el dintel de escenarios sin control…

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