¿Y Tepic como pa’ cuando?

>• El gobierno federal debiera tener claro que Nayarit vive una auténtica emergencia nacional

DEL PLATO A LA BOCA... Justo cuando el gobernador Ney González Sánchez presumía en su sexto informe de gobierno una reducción del 60% en los índices de inseguridad registrados en los últimos meses, la ola de violencia se recrudeció y en estos días los tepicenses ya no sienten lo duro sino lo tupido.

Lo más lamentable de todo es que la ola de crímenes registrada en los últimos días ha provocado la muerte de un importante número de víctimas inocentes, como fue el caso de la balacera en la colonia López Mateos ocurrida el martes pasado por la mañana, cuando un grupo de sicarios persiguió a tiros a un presunto narcomenudista. En la balacera de película murieron un predicador de culto y un joven vendedor de camarones, ambos a consecuencia de una bala perdida que los impactó en la cabeza. Ofende y agravia también la facilidad con la que los sicarios siguen operando a plena luz del día, sin que ninguna autoridad se les atraviese o por lo menos les complique un poco más el trabajo sucio que realizan. Debido a este maremágnum la contabilidad del mes de agosto cerró con un total de 41 muertos, cantidad ya muy cercana al récord de muertes para un solo mes, establecido en junio del año pasado con 57.

¿CUÁNTOS MUERTOS MÁS? Sin el menor ánimo de ofender, vale la pena destacar que los 43 muertos de agosto en Nayarit son apenas 9 menos que los 52 fallecidos en el criminal incendio del casino Royale en Monterrey, sin embargo en Nayarit no pasa nada, en cambio en Monterrey la muerte de 52 personas provocó una indignación nacional y el envío inmediato de 3 mil efectivos federales, tropas que seguramente pondrán de cabeza a Nuevo León para erradicar por completo las lacras que operan en ese próspero estado del norte que es considerado como el estado más rico del país. Se aplaude la enérgica reacción del presidente Felipe Calderón Hinojosa, quien se comprometió a castigar a los responsables de ese sangriento atentado, sin embargo es lamentable que haya estados de primera y estados de segunda, porque por más asesinatos de inocentes que ocurren en Nayarit el gobierno federal de plano no firma acuse de recibo, lo cual nos hace sospechar que de plano hay un acuerdo para dejar a los nayaritas solos a merced de los grupos criminales, porque  de lo contrario ya las calles de Tepic estarían repletas de policías federales. Tal vez el gobierno federal espera una masacre similar a la de Monterrey para entonces sí intervenir en Nayarit, así que habrá que resignarnos a ver más sangre inocente derramada.

SIN PEDIR PERMISO. Esa sospechosa actitud del gobierno federal ha servido para alimentar las sospechas de quienes están convencidos de que de plano el gobernador Ney González Sánchez no está interesado en que las fuerzas federales se desplieguen en la entidad. Al margen de lo anterior, está claro que el gobierno federal no requiere en muchos casos la petición de auxilio de un gobernador para intervenir en su territorio, como quedó demostrado en Michoacán donde las tropas federales actuaron en total secreto sin informar ni al gobernador Leonel Godoy, en aquella lamentable operación tristemente conocida como “El Michoacanazo”. Por lo tanto, el gobierno federal debiera tener claro que Nayarit vive una auténtica emergencia nacional a consecuencia de la absoluta incapacidad de las policías locales para hacer frente a los criminales. Se entiende la mediocre actuación de los cuerpos policiacos locales ante el poderío de los grupos criminales que operan en Nayarit, de ahí que desde hace mucho el gobierno federal debió mandar las tropas necesarias para dejar el estado rechinando de limpio.

AHÍ CUANDO QUIERAN. Tal vez la diferencia entre Nayarit y Nuevo León no radica en que los ciudadanos de Nayarit sean de segunda y los de Nuevo León de primera. Lo que sí está muy claro es que los empresarios de Nuevo León son de primera y los empresarios de Nayarit son como de tercera división, porque mientras los regios de inmediato levantaron la voz y fueron invitados a comer en Los Pinos, los empresarios nayaritas ni siquiera se atreven a manifestarse públicamente en contra de la inseguridad, ocupados como están en  buscar más ganancias mediante los contratos de obra pública que representa el gobierno estatal. Esa es en parte la gran diferencia, de ahí que lo que pase en Nuevo León sea prioridad para el gobierno federal, mientras que lo que ocurra en Nayarit a nadie en la capital del país le quita el sueño. Habrá que esperar a ver si la sociedad civil finalmente decide organizarse para salir a la calle a exigir un ¡ya basta!, como ocurrió en Nuevo León, o de plano seguirá atrincherada en sus casas rezando para que ocurra el milagro de que la tranquilidad regrese a las calles de Tepic.

POSDATA. La esperanza muere al último, dice el refrán, por eso en Bahía de Banderas el priista José Vargas Carrasco sigue tocando puertas en espera de que el máximo tribunal electoral reconsidere la decisión de dejarlo fuera del próximo cabildo de Bahía de Banderas. Vargas Carrasco es conocido por la cercanía que en su momento tuvo con Luis Donaldo Colosio Murrieta, por eso logró colarse en la planilla del PRI en ese municipio costero, sin embargo ya está pagando las consecuencias de un pecadillo no menor: no contar con la residencia mínima que exige la ley para aspirar a una regiduría. José Vargas Carrasco podrá seguir luchando en los tribunales, pero en el fondo él sabe perfectamente que no cumple con el requisito de residencia, y por lo tanto nunca debió ser candidato a regidor.

VOX POPULI. Y a propósito de Bahía de Banderas, el que sí demostró un enorme colmillo político fue el regidor Ismael Duñalds Ventura, quien a pesar de haber perdido la elección para diputado local por el 14 distrito al final logró imponer a su hija como regidora plurinominal por el PRD en la próxima administración. Sin importar la excelente campaña que realizó Oscar Valenzuela, los altos mandos decidieron que la regiduría sería para la hija de Ismael Duñalds, quien de esa forma garantiza otros tres años de bienestar para su familia.

(* El autor, Luis Alberto Alcaraz, es periodista de opinión y analista político)

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