Detallan homicidio salvaje de niña indígena de 11 años

* La menor intentó ponerse a salvo corriendo por una vereda, pero el agresor le dio alcance y, superior en fuerza, le causó heridas cortantes con una navaja.

Tepic.- Cecilio Jerónimo parece estar constantemente distraído. Como que hace un esfuerzo para mantener abiertos los ojos y en esa tarea arruga marcadamente la frente. Tiene el cabello casi a rape. Si para describir a un drogadicto que vagabundea se dice comúnmente que “anda arriba”, esa expresión aplica para ilustrar a Cecilio: parece que “quedó arriba” y nada lo distrae.

Su lenguaje es corto, de unas cuentas palabras que caen como a pedradas: se oyen fuerte y no hilan más.

De la etnia Cora, Cecilio fue presentado este jueves ante el juez de oralidad Guillermo Romero como presunto responsable del homicidio de una niña de 11 años, registrado el cuatro de mayo en la brecha entre El Encinal y El Coyunque, municipio Del Nayar, atacándola con una navaja.

En la sala de audiencias estuvieron dos intérpretes, uno junto a Cecilio, y otro al lado de la mamá de la menor, aunque ambos entienden y hablan español. Pero si el detenido es de voz fuerte, las palabras de la señora son tímidas ante el micrófono. En ropas de tono subido: blusa verde, falda anaranjada, llevaba una bolsa amarilla colgada del hombro izquierdo. El cabello largo en una trenza.

A indicación del juez Romero, los intérpretes intentaban poner al tanto a sus respectivos acompañantes para que entendieran los pasos de la audiencia, tarea prácticamente imposible, en especial con Cecilio, que siempre se mostró distraído: “¡sí, entendí!”, soltó después de una explicación: “¡sí, ahorita!”, añadió respecto a cuándo quería que se decidiera la vinculación a proceso, acatando indicaciones de una defensora pública.

El asunto con el indígena es que enfrenta otro expediente por un delito contra la salud, por su adicción a las drogas, puesto que tenía consigo cerca de medio kilo de mariguana. Según ha trascendido extraoficialmente, pobladores serranos ayudaron a su detención.

Al mediodía del cuatro de mayo, un testigo identificado como Felipe Jerónimo trabajaba en el campo, preparando la próxima siembra en un cuamil, cuando vio a una niña correr por una vereda y detrás de ella el citado Cecilio, que pronto le dio alcance y la tiró al suelo. El testigo estaba a una distancia que le impidió reaccionar. La menor intentó defenderse pero la fuerza del otro era superior: ahí la mató, con varias heridas cortantes en el cuello, el pecho. Felipe dio aviso a otros pobladores.

La niña vivía en el rancho El Cuaco. El día tres, sus padres salieron de esa comunidad para dirigirse a La Mesa del Nayar y regresaron hasta el día cinco. A la menor se le había encargado el cuidado de sus tres hermanos más pequeños.

En una declaración ministerial, su mamá contó que al regresar de Mesa del Nayar, una familiar indicó la ausencia de la niña y empezó a buscarla y aún encontró su cadáver en la mencionada brecha; por la lejanía del lugar, el traslado fue tardado y la autopsia fue posible hasta la madrugada de fecha seis.

De acuerdo con información ventilada por la agencia ministerial, a Cecilio le fue asegurada una navaja con rastros de sangre humana, según dictamen pericial. Igualmente, había sangre en una camiseta de resaque y una chamarra que llevaba puesta.

No se indicó que la menor hubiera sido atacada sexualmente. No hubo violación.

Una vez detallados los hechos y dictado la vinculación a proceso, se procedió a la medida cautelar de prisión preventiva. Luego, la representación de la Fiscalía General del Estado (FGE) solicitó concluir el procedimiento ordinario y dar apertura al procedimiento abreviado; es decir, dada la evidencia de que Cecilio cometió el crimen, llevar el asunto a una sentencia rápida.

Sin embargo, el juez Guillermo Romero no aceptó llegar a esa etapa, citando que era evidente que Cecilio no ponía la debida atención, por lo que tenía que entender a detalle el significado del procedimiento abreviado.

Entonces, a petición ministerial, se fijó un plazo de tres meses para la investigación complementaria en la que deberá detallarse, por ejemplo, si la sangre encontrada en la navaja como en las ropas del sujeto corresponden a la menor ofendida.

De igual forma y puesto que vive en un lugar apartado, la mamá de la víctima dio su anuencia para que en el futuro se efectúe ese procedimiento abreviado. Y completó, bajísimo el tono de voz: “que le den 20 años de cárcel”.

Por su parte, Cecilio respondió, gruesa la voz: “¡ninguna!”, cuando se le preguntó si tenía alguna duda o algo que añadir.

* Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com  

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