Briseño da el pase a la final al Tri

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Puebla (EL UNIVERSAL).- Frustrado, Antonio Briseño reprendió a Marco Bueno tras la enésima falla mexicana ante la portería salvadoreña. El capitán del Tricolor ya se saboreaba la anotación, pero el hambre de su compañero se la robó. Dos minutos después (77'), el futbol dio la más dulce de las revanchas al "Pollo".

No dejó que alguien volviera a interponerse en su camino rumbo a la victoria. Apretó la quijada justo antes de hacer contacto con ese esférico que por fin superó al meta Rolando Morales.

Emotiva danza de cisnes negros bajo la lluvia poblana. El defensa central se deslizó sobre el húmedo césped del estadio Cuauhtémoc, los brazos partieron la gruesa cortina de agua, tal como su remate despedazó el cerrojo de la "Selecta".

La Selección Mexicana avanzó a la final del Premundial Sub-20, en la que mañana se medirá con Estados Unidos, no sin antes sufrir como nunca durante el selectivo.

Eso explicó el júbilo desbordado tras el primero de los tantos marcados por el chico que porta el gafete. Campeón del mundo Sub-17 hace año y medio, líder indiscutible de un grupo al que le puede faltar "punch", jamás paciencia.

Antonio pareció extraviarla cuando reclamó al "Niño Torres Mexicano", pero de inmediato reaccionó y volvió a colocarse en la retaguardia.

Todavía no terminaba de acomodarse cuando el equipo dirigido por Sergio Almaguer produjo otra llegada al marco defendido por Morales, cuya gigantesca figura terminó en añicos gracias al corazón del capitán tricolor.

Volvió a mostrarlo cuando recogió otro balón dentro del área centroamericana. El grito de gol volvía a atorarse en más de 25 mil gargantas. Hasta que el tapatío estiró la pierna para firmar el 2-0 definitivo.

Entonces sí, las lágrimas se confundieron con las interminables gotas que recorrieron sus mejillas. No era tristeza o felicidad. Se trataba de la rabia contenida durante casi 80 minutos, esos que El Salvador logró resistir.

Todo terminó para los salvadoreños gracias al tesón de ese chico que se ha propuesto levantar otra Copa del Mundo, el que recibió innumerables abrazos y felicitaciones después del silbatazo final del guatemalteco Óscar Reyna.

Briseño parecía sucumbir en la batalla de los sentimientos. Hasta que se topó con la nueva dosis de gloria que el destino le tenía preparada.

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