Estudian importancia de la diversidad genética en agaves

- Jul 14, 2011

>•En la producción del tequila se utilizan clones de la especie Agave tequilana. Con ello se corre el riesgo de que patógenos adaptados a ese genotipo destruyan los magueyales monoclonales

El agave o maguey es una de las plantas con un mayor número de especies en México: unas 170 han sido descritas y varias más todavía no se han estudiado.

 

Las especies de agave son consideradas clave por los numerosos recursos que producen (sobre todo durante su floración), de los cuales dependen muchos animales, que a su vez pueden ser importantes polinizadores de otras plantas.

A pesar de ser una planta muy exitosa en su desarrollo evolutivo, en la producción industrial del tequila y mezcal se utilizan clones de una sola de sus especies (Agave tequilana en el caso del primero y Agave angustifolia en el caso del segundo) para acortar su periodo de floración (de casi 20 años a unos ocho).

Pero con ello se corre un riesgo muy alto de que patógenos adaptados a ese único genotipo de agave destruyan los magueyales monoclonales (surgidos a partir de un solo clon) de A. tequilana y A. angustifolia.

Materia prima de la evolución

“Para que una planta aumente su rendimiento y su resistencia a plagas o crezca en diferentes condiciones climáticas debe tener una gran diversidad genética. Sin ésta no se puede adaptar a nuevas condiciones ambientales ni dar paso a nuevas especies. Por esta razón, la variación genética es considerada la materia prima de la evolución”, dice el doctor Luis Eguiarte, investigador del Laboratorio de Evolución Experimental y Molecular del Instituto de Ecología de la UNAM, quien se ha dedicado durante casi 20 años a estudiar la genética de las poblaciones de las diversas especies del género Agave.

El investigador ha encontrado que las especies silvestres del agave tienen una gran diversidad genética, debido a que son perennes y a que casi siempre presentan polinización cruzada, lo cual evita la autocruza y reduce las cruzas entre parientes (sus polinizadores son especialmente murciélagos del género Leptonycteris).

En el caso de los magueyes de las especies aprovechadas en la producción del tequila y el mezcal, en esencia son clones de una misma planta.

“Echan chuponcitos en la base, que es la parte que utilizan para reproducir una misma planta una y otra vez. Las grandes plantaciones de estos agaves están conformadas por clones de una sola planta”, explica Eguiarte.

Como consecuencia de la inexistente diversidad genética y las pobres prácticas fitosanitarias en las plantaciones de agave, a finales de los años 90 del siglo pasado aparecieron numerosas enfermedades causadas por bacterias (Erwinia), hongos (Fusarium) e insectos, principalmente escarabajos y mariposas.

“Se destruyeron las plantas contaminadas y se usaron insecticidas y herbicidas muy potentes, lo cual trajo otra preocupación porque quisiéramos un tequila y un mezcal orgánicos o, al menos, con la menor cantidad posible de insecticidas y herbicidas en su elaboración”, señala el investigador.

El otro problema es que en las plantaciones de agave se sembraba hace mucho tiempo A. tequilana y maíz, pero ahora la gente tiende a sembrar sólo A. tequilana, y lo hace en montañas y cerros, de tal manera que la erosión del suelo es muy grave. Por esa razón se han perdido muchos lugares donde se cultivaban tradicionalmente variedades criollas de maíz.

Coevolución planta-animal

Los agaves no existirían sin los murciélagos ni éstos sin aquéllos. A esto se le conoce como coevolución.

“Creemos que, hace millones de años, el ancestro de las distintas especies del género Agave producía poco néctar y que los primeros murciélagos que se alimentaron de ese néctar eran frugívoros que por casualidad visitaban algunas plantas. Poco a poco, esa planta y esos murciélagos se fueron especializando, cambiando.”

Los agaves producen mucho néctar dulce y diluido, y polen. Sus flores, que son alargadas, con estambres muy grandes, comienzan a producir el néctar al anochecer para que los murciélagos lleguen por él y las polinicen.

“Estas plantas han evolucionado para que sus flores sean más atractivas y eficientes durante la polinización. Pero los murciélagos también han cambiando: se les ha desarrollado un hocico más largo y una lengua que se estira mucho. Si desaparecieran los agaves, seguramente los murciélagos que los polinizan comenzarían a tener problemas para sobrevivir; y si éstos se extinguieran, seguramente aquéllos enfrentarían serias dificultades para seguir reproduciéndose”, finaliza el investigador de la Universidad Nacional.

Si necesita obtener más información relacionada con este tema, escriba a la siguiente dirección electrónica: fruns@servidor.unam.mx.

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