>• La artista plástica expondrá su más reciente obra en la Galería Enrique Guerrero
Años antes de que el pintor francés Pierre Soulages expusiera el primer óleo totalmente negro, Beatriz Zamora ya había sido denostada por indagar en ese color que ella define como “la esencia de la vida”.
La historia de esos dos creadores no se equipara en nada, mientras que a él se le han abierto las puertas de todos los museos y su obra se cotiza en millones de euros, a Zamora le cerraron todo.
La vida de la pintora mexicana es singular, no sólo es la única artista de América Latina que ha dedicado su arte enteramente a indagar sobre el negro, también es, quizá, la única a la que le cerraron los museos, la calificaron de bruja, de tener pacto con el diablo y de estar en una secta satánica. Nada importó, su pasión por ese color la llevó al autoexilio en Nueva York,
Hoy, esa artista que en 1978 fue agredida y que su obra Negro No. 4 fue pisoteada y rasgada por quienes vieron como un insulto que esa pieza “que no tenía nada” obtuviera el Premio Nacional de Pintura en el Palacio de Bellas Artes, expondrá 24 de sus obras recientes en la Galería Enrique Guerrero, bajo el título La obsidiana.
“Con mi arte he tratado de crear conciencia cósmica, hacer conciencia de lo que verdaderamente somos, hijos del universo; no somos hijos de nada más que de eso, nuestra mamá y abuela son hijas del universo, aquí no hay una partícula que no sea hija del universo y el negro es el universo, es la posibilidad de contacto con la felicidad, con la salud, con la alegría, con la sabiduría, con la riqueza, con la paz y la alegría”, dice la artista nacida en 1935.
En entrevista con EL UNIVERSAL, la pintora cuyo arte se equipara al de Pierre Soulages, Alberto Burri y Lucio Fontana, habla de su amor por el negro, de la cerrazón de los líderes de la cultura en México en los años 70 que la castigó por enfrentarlos; de los problemas económicos que ha vivido, del desalojo del que fue objeto en 2003, que provocó que aun ahora toda su obra -alrededor de 2 mil 700- esté “tirada” en una bodega en Iztapalapa, propiedad del gobierno de la ciudad de México.
También habla de la exposición en la Galería Enrique Guerrero donde exhibirá su obra reciente, entre el 5 de noviembre y el 14 de enero de 2012.
Aunque su pasión le impide aceptar que al trabajar el negro, hacer obras enormes que pueden llegar a pesar hasta 200 kilos y utilizar materiales como la obsidiana, el carbón mineral, el negro de humo, la pirita y el grafito, ha pagado un alto costo, la salud de Beatriz Zamora está minada; desde hace varios años tiene serios problemas en la columna vertebral que la han mantenido postrada y entre consultas médicas.
“Si saco mi obra de esa bodega en la que está arrumbada yo recupero la paz y la dignidad, al recuperar la dignidad recuperaré la salud y la felicidad; he vivido en la completa infelicidad teniendo esa obra ahí, y además he quedado impedida para trabajar, soy la única en este país que no puede hacer un cuadro porque no tiene un taller. Espero tiempos mejores, que vengan ángeles -a ver de dónde, pero ya-, y espero recuperar pronto la salud”, dice la artista.
Una vida congruente
Hace 35 años Beatriz Zamora decidió mostrar el lado luminoso del negro, el que no tiene que ver con la muerte ni con todos esos cuentos que lo han ligado con la tragedia, el dolor y la maldad. “El negro es la esencia cósmica, todo el poder, toda la sabiduría, toda la inteligencia, toda la alegría, toda la felicidad y toda la creatividad, si un solo hombre tiene la capacidad de imaginar mundos y mundos y mundos, pues imagínate la capacidad que tiene el universo”.
Cuando en 1978, los que determinaban la cultura la censuraron y agredieron al grado que tuvo que autoexiliarse, Zamora sacó la casta. Pensaron doblegarla por hambre, pero ella se lo quitó. “He hecho lo que he querido; me sigue pareciendo increíble que algunos tengan el poder para destruir”.
Ese año varios pintores y grabadores se sintieron humillados porque “una india traía el negro y el carbón al Palacio de Bellas Artes. Les parecía un insulto a la cultura”. Desde entonces, no ha vuelto a exponer en el máximo recinto cultural del país.
“Ahí se determinó que yo, Beatriz Zamora, jamás iba a volver a exponer en ese lugar, ahí exhibí tres cuadros negros de carbón mineral; al verlos decían que no había nada, para mí eran una maravilla. En realidad, ellos se dieron cuenta que eran los primeros cuadros negros en la historia de la cultura, ni siquiera Soulange había hecho el negro total en ese tiempo y decidieron que tenían que desaparecerme”, dice.
Pese a todo, su lucha no ha sido en vano, su arte ha llegado a muchos países, incluso es muy apreciado en Francia. Ha tenido más de 70 exposiciones individuales y alrededor de 250 colectivas. Ella es modesta y exigente, dice que lo único que ha hecho es sacar hilos de esa inteligencia que está en la negritud del universo, que es como sacar sus rostros, sus expresiones, su poder, su silencio, su armonía y su belleza, cosas que rebasan la cultura. “El negro es el silencio y como silencio también es nada; yo siempre quiero ver qué es la nada. He intentando hacerla por años, siempre sale una cosita que provoca volver a empezar; esa perfección absoluta es el imposible, 30 años he trabajado con eso y en 30 años no puedo decir que haya sacado algo en concreto, todo es apenas un planteamiento. No he podido hacer el negro que yo quiero”.
¿Un futuro oscuro?
Beatriz Zamora guarda la esperanza, tiene un proyecto que no sólo la sanaría a ella, también al país, se trata de una llamada Reconciliación, una boveda de al menos cinco metros x cinco metros hecho de obsidiana, uno de los materiales que más trabaja.
“Este lugar es una gran esperanza y además estoy segura que va a curar a este país, quien entre allí va entrar de una manera y va a salir de otra, sacará la esencia más humana”.
Tiene otra aspiración aún más grande: un taller donde pueda seguir creando obras de enormes dimensiones -algunas de sus piezas superan los cinco metros- y donde tenga espacio para tener las más de 2 mil 700 piezas que tuvo que dejar en una bodega cuando la desalojaron de la casa que rentaba en el Centro Histórico de la ciudad de México, por no poder pagar 10 mil pesos.
“Si una artista trabaja como negro por un año, porque literalmente así ha sido, y no vende un cuadro, nadie la entiende y además la agreden , pero sigue trabajando, significa que la obra que está haciendo tiene algo muy importante que supera todo, es lo que da una enorme felicidad y esperanza. Por eso casi me moría cuando me destrozaron el taller, ahí trabajé 14 años, encerrada en ese lugar donde no entraba nadie, ahí estábamos el negro y yo, nada más”.
Con todo y que vive en un pequeño departamento de la colonia Cuauhtémoc donde apenas puede crear obras de pequeño formato sobre su comedor y a pesar de los dolores que la aquejan y le impiden salir, Beatriz Zamora ha podido crear la obra y los textos de tres libros que ha publicado: 100 x 100. los límites del amor infinito, 100 x 100. Los caminos del corazón y 100 x 100. La memoria recuperada.
En 2009, en uno de esos libros, el historiador francés de arte Gérard-Georges Lemaire escribió: “¿Qué lugar ocupa Beatriz Zamora en el microcosmos del arte de nuestro tiempo? Por lo que sé, no ocupa todavía el espacio que evidentemente merece. Si un artista tiene su Escuela de Atenas en estos tiempos de crisis, ella debería figurar en medio de sus pares, los más ilustres y grandes escritores, filosófos y sabios... ”
Ella lee en voz alta el párrafo y apunta implacable: “¿Qué lugar ocupan las obras de Beatriz Zamora? Un basurero, conclusión”.





Deja tus comentarios