>• Dice Sabina en broma que en su carrera no ha hecho sino “estafar” a sus fans. Ayer lo hizo otra vez con un concierto lleno de éxitos
Quién me ha robado el mes de junio?, parecían preguntar algunos fans del andaluz Joaquín Sabina (Jaén, 1949) cuyos boletos especificaban: Auditorio Nacional, sábado 11 de junio, 20 horas.
Todo parece indicar, sin embargo, que a pesar de lo que decía el boleto, ayer fue 4 de noviembre, y la función realmente empezó a las 20:45 horas.
Sabina, que ya no se cuece al primer hervor, sufrió una infección intestinal en mayo pasado y tuvo que posponer las fechas de la gira “El penúltimo tren” que tenía programadas para Estados Unidos y México. Ya está de regreso en el DF, muy orgulloso de haberse presentado por primera vez el 16 de octubre pasado en el Manhattan Center de Nueva York. Pero como es tan pragmático y popular, también estuvo el Día de Muertos en Valle de Bravo, donde la gente pudo verlo gratis en una plaza pública (por fin una flor de su jardín, aunque él sí cobró lo que merece).
Sabina dijo anoche que no pudo venir en junio “porque me caí de un cocotero”, a manera de guiño por lo que le sucedió a Keith Richards en una isla. Contó que “lo más bonito en Gringolandia fue Nueva York, pero lo mejor fue Los Ángeles porque había muchos mexicanos; en vez de hijos de la gringada eran hijos de la chin...”
De haberse complicado la diverticulitis (así se llama la enfermedad), la gira pudo ser el último tren de un hombre que tiene 62 años de edad, pero con un kilometraje que ya le ha dado varias vueltas al medidor.
¿Y qué ofrece un pop-rock-star de la tercera edad? Él ha dicho que un artista debe traicionar a su público y hacer lo que le dé la gana, pero realmente no se atreve a interpretar todas las canciones de más reciente disco, Vinagre y rosas (2009), sino apenas una que otra, y todo mundo lo agradece. La gente paga por oír éxitos que le recreen pasajes de su vida, y Sabina no es tan malvado (¿gilipollas?) como para ignorar a quienes ha “estafado” por cuatro décadas, para usar un término que él mismo usa en broma para referirse a la “complicidad” con sus seguidores.
Las grandes novedades de la noche fueron unos versos picantes declamados por Joaquín y una versión singular de “Por el bulevard de los sueños rotos”, ya que la cantó acompañado de Álvaro Urquijo (Los Secretos), quien musicalizó el tema para Esta boca es mía. Sabina recordó que él y Pancho Varona habían creado letra y música, pero cuando Urquijo les ofreció otra melodía, tiraron la anterior a la basura.
El concierto arrancó con “Esta noche contigo”, un llamado a que la ciudad se detenga para que comience la intimidad de una pareja. En este caso: Joaquín y el monstruo de 10 mil cabezas que lo escucha y aún le cree todo, como una adolescente a un Don Juan que ya viene de regreso.
Ayer, con la voz más rasposa que nunca, ofreció un puñado de hits (acompañado de su banda, comandada por Pancho Varona): “Tiramisú de limón”, “Virgen de la amargura”, “Aves de paso”, “Peor para el sol”, “Contigo”, “Llueve sobre mojado” (con Jaime Asúa), “Yo quiero ser una chica Almodóvar” (con la corista Mara Barros), “Y sin embargo...”, “Peces de ciudad”, “Una canción para la Magdalena”, “Una canción de amor”, “19 días y 500 noches” y “Noches de boda” (cambió la letra para decir “que dejen de matar de una vez”), hasta el cierre de esta edición. Sabina estará hoy nuevamente en el Coloso de Reforma y repetirá actuación el lunes y martes.





Deja tus comentarios