España, un voto contra la recesión económica

- Nov 20, 2011

>Madrid.- Más de 35 millones de españoles podrán votar este domingo en las elecciones generales que se celebran en España y en las que, según las encuestas, el opositor Partido Popular (conservador, PP) que encabeza Mariano Rajoy, se impondrá por una mayoría absoluta holgadísima.

Es decir, obtendrá 46.6% de los votos y entre 190-195 diputados, un resultado histórico que superaría la victoria que logró el ex presidente José María Aznar en el año 2000, al obtener 183 diputados. Y un resultado también que supondrá una enorme cuota de poder del PP en el país, donde ya gobierna en 13 de las 17 comunidades autónomas tras las elecciones del pasado 22 de mayo.

Las encuestas marcan también que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y su candidato, Alfredo Pérez Rubalcaba, cosecharán sus peores resultados, 29.9% de los votos, y una horquilla de entre 116-121 diputados, frente a los 169 que hoy tiene.

Con respecto al resto de los partidos, los grandes beneficiados del batacazo de los socialistas serán los comunistas y republicanos de Izquierda Unida (IU), que conseguirían 11 escaños, ocho más de los que tuvo en los comicios anteriores. Los nacionalistas catalanes de Convergencia i Unió (CiU) subirían de 10 a 13 diputados y el Partido Nacionalista Vasco (nacionalistas moderados, PNV) se quedarían con tres, de los seis que hoy tienen; esos tres escaños perdidos irían para la coalición vasca independentista Amaiur (Aralar y Bildu).

Las elecciones del domingo, en las que se elegirán a los 350 diputados y a los 208 senadores que conformarán las Cámaras del Congreso de los Diputados y del Senado, son las primeras que se celebran en España sin la amenaza de la organización terrorista vasca ETA, que en octubre anunció el cese definitivo del terrorismo, tras más de 40 años asesinando como medida de presión para lograr la independencia del País Vasco.

Además, las elecciones se realizan en medio de la mayor crisis económica que ha azotado a España en los últimos años, con casi cinco millones de personas sin trabajo, una prima de riesgo que supera los 450 puntos y la amenaza de la recesión. Una mala coyuntura que ha obligado al propio Rubalcaba a modificar la estrategia de su campaña con la que partió hace tres meses, y que se basaba en un programa para la recuperación económica, que entonces parecía dar sus primeros “brotes verdes”.

Tomando distancias

Pero el mayor reto del candidato socialista ha sido distanciarse, en lo posible, de la figura del presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien muchos acusan, primero, de no haber reconocido la crisis; segundo, de no haberla sabido gestionar y, tercero, de haber tomado impopulares medidas como la subida del Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 16 al 18%, la congelación de la pensiones y la rebaja del sueldo de los funcionarios.

Aun así, en el PSOE hay optimismo. La apuesta es a que los tres millones de indecisos que marcan los sondeos finalmente optarán por ellos y que los sondeos favorables al PP llevarán a muchos a decantarse por los socialistas para no dar “todo el poder” a los populares.

El PP, por su parte, lleva meses convencido de que ganará. Sus miembros están conscientes de que la crisis ha tenido un efecto devastador en 15 convocatorias electorales que se han celebrado en Europa en los últimos años.

El ejemplo más claro ha sido Grecia, donde en octubre del 2009 ganó Giorgos Papandreou con mayoría absoluta y dos años después se convirtió en el político peor valorado del país y tuvo que dimitir. Por eso, Rajoy ha optado por un tono moderado, huyendo de cualquier debate de fondo que pueda afectarle. Sabe que el camino al Palacio de la Moncloa se lo ha labrado la crisis y su capacidad para aguantar las críticas de los más radicales del PP, quienes tras su segunda derrota en 2008 frente a Zapatero exigían su cabeza.

El líder conservador no ha atacado a nadie, ni siquiera al PSOE. Ha dejado claro que su adversario es el desempleo y se ha erigido en el candidato perfecto para tomar las riendas de un país en crisis. Tampoco ha hecho ninguna propuesta, consciente de que igual luego no la puede cumplir. Y para evitar meter la pata, apenas si ha concedido entrevistas en las últimas semanas.

Tampoco ha aclarado qué medidas tomará para fortalecer la economía. Seguramente serán las que le imponga Europa: más impuestos, más recortes y salarios más bajos. Y seguramente eso volverá a provocar la indignación de los ciudadanos, hartos de la crisis.

 

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