>• Entregan los premios más importantes que otorga el Estado a escritores, artistas y científicos
Daniel Sada, Wilbert Alonso de Jesús Herrera y Óscar Chavez fueron los tres creadores más ovacionados durante la entrega del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011; los dos primeros porque recibieron el galardón de manera póstuma -ambos murieron después de haber sido condecorados-, y Óscar Chávez fue aplaudido porque es uno de los cantautores más reconocidos a nivel nacional, incluso sus canciones fueron cantadas por el presidente Felipe Calderón en su juventud, cuando “no sabía que iba a estar del otro lado del mostrador”.
Al entregar los galardones a los diez creadores y un grupo de alfareros de barro negro de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, el presidente de México dijo que en sus tiempos de juventud era un furibundo opositor y antipresidente, pero no contaba con que llegaría a “estar del otro lado del mostrador” .
En una ceremonia que encabezó en la residencia oficial de Los Pinos, Felipe Calderón aseguró:
“Fui un furibundo opositor, antipresidente, antigobiernista y con las canciones de Óscar Chávez me pasaba un poco como con los artículos de Lorenzo Meyer -otro de los distinguidos- que me encantaban porque satisfacían ampliamente mi espíritu opositor”.
Como Jean Meyer que citó a Alejandro Rossi cuando entró a El Colegio Nacional y entonces expresó “no tenía previsto estar aquí”, Calderón señaló: “pues a mí me ocurre un poquito lo mismo; en aquel tiempo no tenía previsto estar aquí y, desde luego, cuando yo cantaba apasionadamente esas canciones y cuando leía apasionadamente esos artículos, pues nunca pensé que iba a estar del otro lado del mostrador, así que créanme que ya he pagado suficientemente mi osadía de juventud”.
El mandatario dijo que siempre fue fanático de Óscar Chávez, que cantó Por tí y celebró su versión de Macondo “para quien no haya leído Cien años de soledad puede tener ahí un referente, ahora que está tan de moda este asunto”. En su discurso también refrendó el respeto a la crítica y al derecho de disentir y en un acto inédito en este sexenio señaló que el gobierno tiene una culpa: no destina lo suficiente para la ciencia y la cultura en México.
“Me comprometo a seguir trabajando no sólo para impulsar las ciencias y las artes, que lo debemos hacer más y mejor, sino también para respetar escrupulosamente los derechos y las libertades que tanto trabajo nos ha costado construir a los mexicanos: el derecho a hablar, escribir, disentir, pensar, criticar; que no está divorciado y qué bueno que así sea, no está separado, no está excluido de la posibilidad y el privilegio mayor del ser humano que es coincidir”, afirmó.
La labor de historiar
Durante la ceremonia de entrega del premio que se concede desde 1945 para reconocer la trayectoria de los más connotados creadores, artistas y científicos mexicanos, el historiador Jean Meyer, colaborador de EL UNIVERSAL, quien obtuvo el premio en la categoría de Ciencias Sociales y Filosofía, junto con el politólogo Lorenzo Meyer, y que habló en representación de todos los premiados, se refirió al peligro de escribir la historia en tiempos no democráticos: “cuando se le pide al historiador una historia oficial: alabar mentiras y callar ciertos temas”.
El historiador francés naturalizado mexicano en 1979, dijo que la historia no es ni una ciencia ni un arte, sino que pertenece a una realidad intermedia que no es fácil identificar pero es fabulosa en el sentido de que se puede hacer una historia de todo, de los títeres, del barro negro, de la biología, las matemáticas, el cine, el canto y la literatura.
“La realidad se presta a una infinidad de interpretaciones, lo que no es para volvernos escépticos o pesimistas”, señaló el historiador, quien enfatizó la idea de que el historiador no puede invocar las lecciones de la historia.
“Por eso el historiador no es profeta, sabemos que no sabemos, la única lección de la historia es que es la ciencia con más ética de las cosas que no se repiten, a diferencia de la física y en cierta medida de la biología”, señaló Meyer.
Sin embargo, acotó, que no es que la meditación del pasado no deje frutos, porque lo cierto es que “nos enseña precisamente el fracaso de las previsiones demasiado precisas; pero de manera positiva nos enseña las grandes desventajas de una preparación general y constante que sin pretender crear o desafiar los acontecimientos permiten al hombre, al dirigente político, al estadista, maniobrar cuanto antes contra el imprevisto”.
En su discurso, en el que enalteció, igual que el presidente Felipe Calderón, la labor de los otros diez premiados, entre ellos su colega y amigo Lorenzo Meyer; el escritor José Agustín, el artista plástico Pedro Cervantes, el cineasta Jorge Fons, los científicos Pedro Julio Collado y Gerardo Quintero, Jean Meyer citó a grandes autores e historiadores, a Amado Nervo, Melchor Ocampo y en especial a Luis González de Obregón, quien “sabía muy bien que los famosos hechos históricos consisten en palabras ensambladas por nosotros; mejor dicho, que la historia consiste en hechos inseparables de palabras, por eso la labor del historiador no tiene fin, porque no hay un punto final, no hay una solución de un problema, no existe la historia definitiva de los orígenes de la Revolución Mexicana, generación tras generación habrá jóvenes historiadores para volver a empezar la tarea”.
La obra de los Meyer
El secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, luego de hacer una mención especial a los fallecidos Daniel Sada y Wilbert de Jesús Herrera, dio cuenta del pensamiento y la obra de Jean Meyer y Lorenzo Meyer, pensadores que ha leído y recomienda leer.
De Lorenzo Meyer expresó que le llamó la atención desde muy joven porque era un historiador interesado en la ciencia política, un intelectual que quería enfrentar esa excesiva especialización en ciencias sociales. “La concretó de manera valiosa en un texto que se publicó en 1974, que me marcó como politólogo con afanes de historiador y que sigue siendo lectura obligada entre mis alumnos” se refería al artículo Un estado mexicano contemporáneo donde discutía el Estado Mexicano desde el Porfiriato hasta el Cardenismo”.
Lujambio celebró los estudios críticos de Meyer y su pensamiento que aunque a veces difiere es fundamental: “Don Lorenzo, desde hace tiempo creemos que la fuerza del Estado es el monopolio no compartido con el crimen, queremos una democracia más representativa y hemos luchado por ella en un régimen de plenas libertades”.
En la ceremonia celebrada en el salón Adolfo López Mateos de Los Pinos, se dieron cita intelectuales, escritores y funcionarios como Enrique Krauze, Eduardo Matos Moctezuma, Eduardo Lizalde, Enrique Serna, Consuelo Sáizar y Joaquín Diez Canedo.
El titular de la SEP, también celebró la obra de Jean Meyer, en especial su libro La cristiada que “nos marcó a todos”. Lo describió como un mexicano que ha sabido rescatar una historia que nadie ganó y que muchos mexicanos quisieron poner abajo de la alfombra.
Dijo que Meyer rescató información, documentos y entrevistas que han permitido ver de otro modo, más generoso frente a nosotros mismos, un conflicto terrible que marcó al siglo XX mexicano. “Ha sido el sociólogo de la religión más destacado del siglo XX y XXI. Es valioso que el premio vaya a Jean Meyer porque creemos en la libertad religiosa, no porque seamos religiosos sino porque somos liberales y no queremos al Estado definiendo a la persona humana en detrimento de su dignidad”.
Respecto al Premio Nacional de Ciencias y Artes, el secretario recordó que desde el 30 de diciembre de 1945 representa el más alto reconocimiento que el pueblo de México rinde a aquellos mexicanos que han puesto muy en alto su nombre. Destacó que en estos años se han premiado a 365 hombres y mujeres, cuyo nombre ha quedado plasmado en un muro de la SEP, en un ejercicio de memoria colectiva.





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