>París.- El socialista Francois Hollande se impuso este domingo en la primera vuelta de las elecciones francesas frente al presidente conservador Nicolas Sarkozy (Unión por un Movimiento Popular). Ambos pasarán a la segunda vuelta, que se celebrará el próximo 6 de mayo. Pero Sarkozy, que hace cinco años se convirtió en el presidente de la V República electo con el mayor apoyo popular, con casi 19 millones de votos, se clasificó en segundo lugar, en la primera vez que un presidente y candidato no obtiene la primera posición. El mandatario logró 27.05% frente al 28.44 de Hollande.
El partido ultraderechista, xenófobo y antieuropeo Frente Nacional (FN) y su candidata Marine Le Pen, de 44 años de edad, protagonizaron la sorpresa de la jornada al lograr 18.27 de los votos (contra 10.44 del partido en 2007) y convertirse en la tercera fuerza política del país, su mejor resultado desde que el partido fue fundado por Jean Marie Le Pen, padre de la actual candidata, quien logró su techo electoral en 2002, con el 16.86%.
Por su parte, Jean Luc Melenchon, del Frente de Izquierda, fue el cuarto más votado y logró el 11.5%, mientras el centrista Francois Bayrou, que confiaba en superar el modesto 10% que le pronosticaban los últimos sondeos, se quedó en 9.14% y la ecologista Eva Joly apenas superó el 2% de los votos. El resto de los candidatos —Nicolas Dupont Aignan, Nathalie Artaud, Philippe Poutou y Jacques Cheminade— no alcanzaron ni siquiera esa cifra.
Una vez más se cumplió la regla no escrita de que los presidentes europeos que gobiernan las crisis acaban perdiendo en las urnas, y Sarkozy perdió. Su campaña, con un giro muy a la derecha en la que se mostró como el jefe del Estado que Francia necesita, se centró, como en 2007, en los temas de seguridad e inmigración en lugar de en cómo solucionar la crisis económica que vive el país con tres millones de desempleados. No tuvo éxito. Como tampoco su estrategia del miedo al advertir en numerosas ocasiones de que el voto por Hollande colocaría a Francia en la misma situación que Grecia o España. Al final, el sentimiento anti-Sarkozy existente en el país se hizo patente y los franceses optaron por el cambio.
Por su parte Francois Hollande, sin una gran campaña pero sin cometer tampoco ningún error, se convirtió este domingo en el candidato más votado. Su mensaje de unidad, su deseo de justicia social, su oferta de cambio tranquilo, y su estilo amable y conciliador le dieron la victoria. Nada más conocer los resultados se autoproclamó “el candidato de todas las fuerzas políticas, el candidato de los que quieren pasar página”. Acusó a Sarkozy de ser el responsable del aumento de votos de la extrema derecha, y prometió gobernar “pensando en la juventud que está esperando que se reconozca su labor", anunció.
-El voto oculto de los franceses
Pero sin lugar a dudas la otra gran vencedora de la noche fue la líder ultraderechista Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional. Ninguna encuesta había pronosticado ese alto resultado lo que demuestra el voto oculto que hay en Francia para con la extrema derecha.
Es decir, votantes que no se atreven a reconocer que votan a un partido xenófobo y ultraderechista. Divorciada dos veces, madre de tres hijos, y abogada de profesión, durante su campaña electoral se definió como la candidata antisistema y antiélites, y logró convertirse en la preferida de los votantes de entre 18 y 24 años con un programa más moderno que su padre, pero sin alejarse del discurso tradicional basado en la xenofobia, el proteccionismo y el regreso al franco como moneda, además de defender otros ideales como reestablecer la pena de muerte abolida en 1981.
“Hoy todos juntos hemos reventado el monopolio de los dos principales partidos, de la banca, de las multinacionales, hemos llevado nuestras ideas más lejos que nunca”, dijo al conocer los resultados.
Las encuestas pronosticaban que la decepción por la campaña electoral y el desánimo que hay en general hacia la clase política hacían presagiar que la abstención iba a ser mayor. Sin embargo fue sólo del 19.7% frente al 16.2 por ciento del 2007. El fantasma de 2002, cuando muchos electores se quedaron en casa provocando la victoria de Le Pen planeó sobre los ciudadanos que acudieron a votar para mostrar su descontento.





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