>Buenos Aires.- La decisión del gobierno de Cristina Kirchner de expropiar a Repsol ya va quedando atrás después del respaldo de gran parte de la oposición en el Congreso. La presidenta argentina cuenta ya con todas las herramientas a su favor para que al negocio de YPF ingresen nuevos accionistas, “si son norteamericanos mejor”, según los últimos movimientos de sus hombres de confianza en la materia. Pero no todo se queda en la petrolera recuperada sin mirar el precio a pagar ni en el control de las reservas monetarias para ordenar las cuentas fiscales con que se había despachado en marzo.
La ofensiva tampoco termina en la estrategia de domesticación a la justicia o en la forma desembozada en que va creciendo el multimedios paraestatal. “Todavía hay más”, dicen cerca de la presidenta y ella ya lo había advertido en febrero pasado, durante un acto en la ciudad de Rosario, cuando le dijo a sus seguidores: “vamos por todo”.
Desde aquel día no faltó ni un instante de su gestión a esa promesa. El viernes durante el multitudinario acto del kirchnerismo que la tuvo como única oradora, la jefa de Estado celebró con los suyos esos dos tercios de los votos que alcanzó en el Senado para respaldar la expropiación de YPF. Le agradeció a la oposición como quien le agradece a un aliado.
“Después de todo, hoy es el gobierno y ella los que ocupan en exclusiva todo el escenario político”, reconoce el diputado de centroizquierda Eduardo McLause.
Ella se mostró lista para ese “hay más” que advierten sus allegados y el “todo” por el que va sin reparar en daños que aún le falta completar. Una serie de medidas y movidas políticas van indicando por estos días que el kirchnerismo necesita más y más poder y cada vez menos críticos, opositores y quien lo esculque en sus actos. El pasado 16 de abril fue el anuncio de la expropiación petrolera que quedará convertida en ley el próximo jueves cuando se trate en la Cámara de Diputados.
El jueves, el juez Daniel Rafecas, hasta hace unos meses de muy buena relación con el poder Ejecutivo, fue apartado de la investigación por presunto tráfico de influencias y de irregularidades varias contra el vicepresidente Amado Bodou, en tiempo récord. Eso después de despacharse al procurador general de la nación, Esteban Righi, ex profesor de derecho en La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) durante su exilio mexicano y un nombre caro a los afectos kirchneristas hasta que no pudo parar la ofensiva de un fiscal contra Bodou.
“Así como va esa causa irá a parar al cajón de la impunidad”, opinó el abogado Ricardo Moner Sans, experto en denunciar casos de corrupción en diversos gobiernos. El jueves, al mismo tiempo que el poder disparaba contra Rafecas, lo hacía otra vez contra el normal desempeño de la prensa. Esta vez a través de un empresario más que cercano a la familia Kirchner.
Cristóbal López, el dueño de por lo menos 65% de los casinos del país, y una empresa petrolera, que vio crecer su patrimonio desde que Néstor Kirchner gobernara la provincia de Santa Cruz en los años 90, se quedó con el total de Radio 10 (líder en audiencia) y la cadena de Noticias C5N, del empresario Daniel Hadad, encolumnado con el gobierno pero también con el gobernador Daniel Scioli y de buena relación con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri.
De esa manera el control de la prensa por parte del gobierno no deja de crecer. Sin pasar por alto que el gobierno no se olvida del grupo Clarín, como lo demostró Bodou en el acto del viernes. El pleito con el grupo Clarín por Cablevisión, la principal operadora de cable del país, se dirime en la Justicia y aparece como uno de los pendientes del gobierno en materia comunicacional. Mientras la presidenta espera esta semana poder anunciar el desembarco de nuevos “jugadores” para invertir en la exploración y explotación de las áreas de YPF, la conflictividad social no deja de crecer: hay huelgas y reclamos sectoriales, y denuncias en la Organización Mundial de Comercio contra las trabas a las importaciones.
Pero el kirchnerismo gobernante avanza fiel a su idiosincrasia, cada vez que los problemas arrecian. Redobla la apuesta y fuga hacia delante. Y así, sigue el gobierno de Cristina Kirchner, fiel a su promesa de ir por todo, hasta alcanzar esa que ya se vislumbra como su meta: el poder total.





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