>Ciudad del Vaticano.- El ex mayordomo papal Paolo Gabriele, 46 años, romano, casado, padre de tres hijos, quien se encuentra detenido bajo la imputación de ser uno de los responsables de la fuga de documentos privados de la Santa Sede y, en particular, de la correspondencia del Pontífice, era el laico más cercano al papa Benedicto XVI y uno de los pocos que podía moverse con casi total libertad dentro de los muros de la Casa Pontificia.
Reservado, siempre vestido elegantemente y mejor conocido como Paoletto, el hoy llamado “cuervo” era una de las personas más conocidas en el Vaticano no sólo porque se había convertido en la auténtica sombra del Pontífice, sino porque también formaba parte de la llamada “familia pontificia”. La ciudadanía vaticana y el derecho de vivir con su familia al interior de los muros vaticanos, en una zona residencial, eran otros de los privilegios de los que gozaba.
El aiutante di camera, nombre oficial del cargo de Gabriele, se debía presentar muy temprano en las habitaciones pontificias para así ayudar a vestir al Papa, asistir a la misa privada que celebra diariamente en la capilla de su apartamento y acompañarlo en todas sus actividades del día, como son las audiencias públicas y privadas. Otras de sus labores era auxiliar al Pontífice durante la comida —muy a menudo comía en la misma mesa— y prepararle la cama por la noche (sólo cuando Benedicto XVI iba a su estudio podía volver a su casa).
Las importantes funciones de Gabriele comprendían también asistir al Papa durante sus viajes, labor por la cual contaba con las “llaves” que abren las puertas, escaleras y elevadores más reservados del mundo. Una de éstas abría el departamento del Papa, al cual pueden acceder muy pocas personas, como los monseñores Georg Ganswein y el maltés Alfred Xuereb, secretarios personales de Benedicto XVI: Loredana, Carmela, Cristina e Rossella, las cuatro memores Domini, se ocupan del servicio de la capilla, cocinas y, en algunas ocasiones, trabajan en actividades de archivo y secretariado.
Este privilegio permitía a Gabriele acceder a gran parte de la documentación reservada del Vaticano, la cual, según las primeras investigaciones, pudo haber entregado al periodista Gianluigi Nuzzi, quien publicó parte de la misma en su libro Sua Santità.





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