Gustav Klimt, artífice del paso hacia la Modernidad en el arte

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- Jul 14, 2012

> México, D.F.- El hombre que abraza con fuerza a su gato mientras mira la cámara, ese en quien se ven ya severas líneas en la frente, el que lleva una túnica de las que usaba no sólo para pintar, el que apenas si sonríe, ese es Gustav Klimt en 1912.

Para entonces, hace exactamente un siglo, tenía 50 años. Le quedaban poco más de cinco de vida y ya era el artista que había sido artífice en su natal Austria del paso hacia la Modernidad en las artes. Ya era el que, tras consolidarse como pintor decorativo de éxito al lado de su hermano Ernst, formó la Compañía de Artes; el que recibió amplia oposición por sus murales para la Universidad de Viena y el que luego dejó sus proyectos para el Estado. Ahí está el que con otros artistas formaría la Secesión (Asociación de Artistas Plásticos de Austria en Secesión) a finales del siglo XIX para romper los vínculos con las tradiciones académicas e históricas.

Para 1912, el Klimt de esa fotografía en blanco y negro ya era el creador de la “mujer moderna” en la pintura, lo que se ejemplifica en cuadros como Retrato de Adele Bloch-Bauer I (récord de ventas en 2006 al ser adquirido por 135 mdd).

Hace un siglo, Klimt ya había hecho su homenaje a Beethoven en un mural de 34 metros de ancho a partir de la interpretación de Richard Wagner de la “Novena sinfonía”, mural que hoy es el símbolo del edificio de la Secesión, una de las construcciones más importantes del arte Moderno y el “Art Nouveau”. Ya era un creador que reconocía a los grandes maestros del pasado, fomentaba el diálogo con sus contemporáneos e impulsaba a los más jóvenes: fue mentor de Oskar Kokoschka y de Egon Schiele.

Para 1912 ya había creado buena parte de las 250 pinturas que se le conocen y de los cerca de 4 mil dibujos; también había logrado unir simbolismo, geometría, colores dorados y ornamentación en sus obras, y ya había firmado el que es tal vez el “Beso más copiado en la historia”, pintura de 1907 y que es señal de identidad del museo Belvedere en Viena.

Maestro de rupturas
Klimt, quien nació hace 150 años, marcó una ruptura con el arte de su tiempo, con la Academia y sus contemporáneos. La vigencia de su obra va más allá del tiempo; “tiene características de ruptura”, afirma la historiadora y crítica del arte Teresa del Conde. “En la muestra de expresionistas en Bellas Artes, que toca mucho esa época, y que es muy nutrida (aunque no puedas ver las cosas porque no hay luz), no se va a encontrar nada de Klimt, nada que se parezca a él. Klimt es ruptura desde antes, lo es con respecto a la

Academia, frente al Expresionismo y a su secuela en la escuela europea, el Fauvismo”.

Resalta en Klimt la influencia de un contexto intelectual y artístico que abarcó, por ejemplo, el pensamiento de Sigmund Freud: “Hay más relación con el Simbolismo, con las vertientes tardías del Simbolismo y, claro está, que todo aquello relacionado con la sexualidad, desde un punto de vista no sólo metafísico sino también físico, está muy patente en Klimt”. 

Lo que veremos en México

No existen pinturas del artista en museos del Estado mexicano. Para celebrar el 150 aniversario de su nacimiento, llegará a México una exposición preparada por el Ministerio Federal de Asuntos Europeos e Internacionales de Austria, que primero se verá en el Festival Internacional Cervantino, en Guanajuato.

“Gustav Klimt - Pionero del arte moderno” exhibirá del 3 al 21 de octubre en el Museo Ex-convento Dieguino 15 paneles, con fotografías del artista, su familia, sus contemporáneos, los lugares que habitó, pintó y sus estudios en Viena, así como reproducciones de sus obras más importantes. La muestra se presentará después en la ciudad de México, aunque el lugar todavía no se ha definido, de acuerdo con información del Foro Cultural de la Embajada de Austria.

El guión de la muestra documenta los hechos más importantes en la vida y creación de Klimt y resalta su lugar en la Modernidad: “Gustav Klimt simboliza un periodo que hasta el día de hoy fascina y resuena: la época moderna. El artista dejó su huella, especialmente en Viena, y junto con Josef Hoffmann, Otto Wagner, Joseph Maria Olbrich, Richard Gerstl, Egon Schiele y Oskar Kokoschka, caracterizaron de forma determinante los años alrededor de 1900”.

Agrega que “artísticamente, el trabajo de Gustav Klimt refleja de forma única el paso de la época historicista a los inicios del arte abstracto”.

Klimt, a quien la periodista Berta Zuckerkandl describió como el “creador de la mujer moderna”, de acuerdo con el guión de la exposición, hizo con maestría muchas obras en dibujo y pintura con motivos eróticos, como nunca antes se habían realizado. Pero aquello no recibió un respaldo unánime: por mucho tiempo, al artista lo tildaron de hacer una obra pornográfica. Un lugar destacado en la muestra ocupa la historia de cómo se hizo “El beso”, obra en la que Klimt dio mayor realce a elementos decorativos, donde se aprecian pocos elementos del cuerpo.

Además de gran artista, Klimt siempre fue inquieto, buscó no sólo experimentar en formas sino no quedarse anquilosado. Fue promotor en distintas épocas de su vida de exposiciones nacionales e internacionales, de la apertura a nuevas disciplinas y talentos.

En las exhibiciones acompañaba la pintura con algunas piezas de diseño gráfico, escenografía y artes decorativas.

En 1918, a la edad de 55 años, Gustav Klimt sufrió un derrame cerebral y murió. Es su amigo Schiele quien se encargó del epitafio: “Gustav Klimt / Un artista de increíble perfección / Un hombre de extraordinaria profundidad / Su obra es un santuario”.

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