Su único abogado ahora es Cristo, dice la 'Mataviejitas'

- Abr 29, 2013

>México.- Juana Barraza Sampeiro es ahora cristiana. Durante los siete años que lleva en prisión ha suavizado su trato a través del apoyo de personas de esa religión que acuden a llevar la palabra de Dios al Centro Femenil de Readaptación Social Santa Martha Acatitla, donde ella lleva siete años recluida.

Ahora Juana sonríe de manera constante, es amable.

Barraza Sampeiro, exhibida como única asesina serial en México y en muchos otros países, no parece ser la misma la mujer que al ser detenida, estando en la patrulla, sacó un pedazo de torta para comérselo, como si nada pasara, según narraciones hechas por las autoridades policiales de aquella época.

El 25 de enero de 2006 fue aprehendida acusada del homicidio de 16 personas de la tercera edad, por lo que fue llamada "La Mataviejitas". En el patio del penal, Juana Barraza convive con otras internas, reza en grupo, su rostro dejó de parecer enojado todo el tiempo y sus ojos brillan debajo de las sombras doradas que acompañan un cabello rojo claro y pelo corto.

Platica mientras espera la llegada de sus hijos que irán a visitarla.

Está atenta a la celebración del Día del Niño en ese penal, y mientras, se hace acompañar de algunas de sus compañeras.

Al saludarla, responde cariñosa, con un beso en la mejilla y un apretón de manos. Cuenta que su estado de salud no es el mejor. Hace un par de semanas fue operada del apéndice y se vio muy mal, dice.

Su rostro luce terso y su cuerpo se ve fuerte y firme como de quien hace ejercicio. Los años en prisión no le han hecho perder esa figura de la luchadora que fue, bajo el nombre de "La Dama del Silencio".

Su testimonio de transformación espiritual está plasmado en un video que sólo se comparte con quienes profesan esa religión, y en el que narra que su único abogado ahora es Dios.

Confía en que se le haga justicia, pues asegura, una vez más, que ella sólo es responsable de una muerte. "No sé porque no investigan los medios. Quieren que yo pague por todos esos crímenes, y no los cometí", dice en unos minutos de charla.

Su sentencia fue apelada y confirmada: 700 años y 59 días de prisión por la muerte de 16 personas; espera otra verificación de los elementos por los que la responsabilizaron de la ola de asesinatos de ancianos que vivió el Distrito Federal desde 2004 hasta su aprehensión.

Juana Barraza se ve tranquila e incluso alegre. Los rezos le ayudan a superar el encierro y su triste historia de infancia, a manos de una madre alcohólica que la golpeaba de manera constante, que siendo una adolescente la cambio por tres cervezas con un hombre que abusaba de ella y que le engendró un hijo que fue muerto a golpes al llegar a la juventud.

No puede hablar más porque los custodios lo impiden. Ella aclara que es una charla pero se despide para regresar al auditorio donde hay otras mujeres acusadas de delitos no graves, o muy graves, como participar en el maltrato y muerte de sus propios hijos pequeños y que sin embargo, ese día, en la celebración del Día del Niño, cargaban en brazos a otros que nacieron cuando ellas ya estaban en prisión.

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