>Sao Paulo.- Miles de manifestantes volvieron a salir a las calles este jueves en Brasil, en una nueva ola de protestas que han movilizado a centenares de miles de personas contra la corrupción gubernamental y el estado deficiente de los servicios públicos.
La mayor de las más de 80 protestas se realizó en Rio de Janeiro, donde decenas de miles de personas con banderas y carteles bloquearon varias calles y avenidas en una manifestación pacífica. La policía acordonó el área alrededor del Estadio Maracaná, preocupada de que manifestantes tratasen de perturbar un partido de la Copa Confederaciones de fútbol en curso.
Multitudes se congregaron también en decenas de otras ciudades, incluyendo en la avenida principal de Sao Paulo, la mayor del país, al cumplirse una semana del inicio de las protestas allí contra el alza de los precios del transporte público. Desde entonces, las manifestaciones se han convertido en un fenómeno nacional, con muchos brasileños de clase media saliendo a las calles para quejarse de una gama de problemas cotidianos en medio de un auge económico.
Protestas masivas son algo poco común en este gigante sudamericano de 190 millones de habitantes, donde las manifestaciones usualmente atraen a un pequeño número de participantes altamente politizados. Las marchas actuales tomaron por sorpresa al gobierno brasileño apenas un mes antes de una visita del Papa y un año antes de que la nación sea sede de la Copa del Mundo del fútbol
"Pienso que necesitamos esto desesperadamente, lo hemos necesitado desde hace mucho, mucho tiempo", dijo Paulo Roberto Rodrigues da Cunha, un residnete de Rio de 63 años.
Se vieron escenas similares en Sao Paulo, Recife, Salvador y otras ciudades, en las que se reforzaron los escaparates de tiendas y las ventanas de los bancos en caso de que las protestas se tornaran violentas.
En Salvador, una ciudad del noreste del país, la Policía disparó gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a una pequeña multitud que intentaba traspasar una barrera policial que bloqueaba una de las calles de la ciudad. Una mujer resultó herida en el pie.
En otras partes de Salvador, unos 5.000 manifestantes se reunieron en la plaza Campo Grande.
"Pagamos mucho dinero en impuestos, por la electricidad, por los servicios, y queremos saber dónde está ese dinero", dijo Italo Santos, estudiante de 25 años mientras caminaba con cinco amigos rumo a la plaza.
Varios líderes municipales anularon ya los aumentos en las tarifas de autobuses y trenes subterráneos con la esperanza de calmar los ánimos.
Pese a la gran energía en las calles, muchos manifestantes dijeron que no estaban seguros de si el movimiento obtendría concesiones políticas reales. Los participantes en las protestas llevan carteles que reclaman desde reformas al sistema de educación hasta autobuses públicos gratis. Critican además los miles de millones de dólares gastados en estadios para la Copa del Mundo del 2014 y las Olimpiadas del 2016 en Rio.
Las protestas del jueves tomaron muy pronto el carácter de una fiesta, sin el vandalismo y los choques con la policía que marcaron manifestaciones en días previos.
Personas de todas las edades, muchas de ellas envueltas en banderas, se congregaron frente a la majestuosa Iglesia de la Candelaria en el centro de Rio, mientras que grupos en otras partes cantaron lemas contra el gobernador del estado al compás de ritmos de carnaval.
Vendedores circulaban entre las masas, pregonando palomitas de maíz, churros y hasta perros calientes. Hombres y mujeres colectando reciclables se movían de un lado al otro recogiendo latas de entre los pies de los manifestantes.
Cuando jóvenes sin camisa, muchos de ellos con camisetas cubriéndoles los rostros, empujaban y forzaban su avance entre la muchedumbre, la gente respondió espontáneamente con lemas de "¡Sin violencia!"
En Sao Paulo, los organizadores de las protestas dijeron que las transformarán en un festejo para conmemorar la baja de las tarifas del transporte público. Sin embargo, otros creen que las protestas no sólo se centran en este tema, sino que además buscan cambios al sistema en un país que ha experimentado un auge económico en los últimos diez años.
La embajada estadounidense en Brasil advirtió a sus ciudadanos que se alejen de las protestas en todo el país.
"Ya no es cuestión de precios", dijo Camila Sena, una universitaria de 18 años que protestó en Niteroi, una ciudad ubicada cerca de Río de Janeiro. "La gente está tan harta del sistema, tan cansada que pedimos un cambio".
Sena agregó que el gasto público en los estadios de fútbol para la Copa Confederaciones y el próximo año en la Copa Mundial de fútbol empeoró la ira popular.
"No es que estemos en contra del Mundial, para nada. Traerá buenas cosas para Brasil. Es sólo que estamos en contra de la corrupción con el pretexto de la Copa del Mundo", dijo.
Pero muchos creen que las protestas en el fondo piden cambios en el sistema.
Ese mensaje llegó al corazón del poder, Brasilia, donde 20.000 personas se reunieron en la Esplanada dos Ministerios, el centro del gobierno.
La multitud marchó por la enorme explanada con banderas de diversas causas, incluida la del arco iris de los gays.
La policía formó una barrera frente al Congreso para impedir que los manifestantes se treparan al techo del edificio como hicieron el lunes.
"La casa es nuestra, la casa es nuestra", coreaban varios manifestantes al entrar al espejo de agua frente al Congreso.
Se formó otra línea de defensa frente al palacio presidencial, donde la presidenta Dilma Rousseff estaba reunida con sus asesores. Los voceros que dieron esa información no aclararon si la presidenta estaba analizando las protestas.
"Este es el comienzo de un cambio estructural en Brasil", dijo Aline Campos, una publicista de 29 años residente en Brasilia. "La gente quiere asegurarse de que se gaste bien su dinero, no que se lo malgaste a través de la corrupción".
Copyright 2013 The Associated Press.
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