<![CDATA[Caracas.- En Venezuela, “sorpresa” y “esperanza” parecen ser dos términos abolidos del vocabulario cotidiano por mandato revolucionario. Nadie en el país se da el lujo ya de sorprenderse de que la situación general pueda ser peor cada día. Tampoco nadie espera que todo se resuelva en el corto plazo.
Las últimas manifestaciones estudiantiles, que terminaron con 3 muertos, 68 heridos y medio millar de jóvenes detenidos, agravan el grado de descomposición que desde hace décadas vive el país, hasta dejarlo en un aparente callejón sin salida.
Desde hace más de una semana, miles de venezolanos han protestado en las calles. La inseguridad, que no deja de crecer, la carencia de insumos básicos, la crisis de la petrolera Estatal PDVSA y los medios de comunicación censurados, fueron algunas de las razones para que la del miércoles pasado fuera una manifestación multitudinaria.
Una protesta que en el inconsciente colectivo de los venezolanos ha recordado el frustrado golpe de Estado del 11 de abril de 2002. Lo que parecía concluir como una marcha pacífica terminó con muertos y el gobierno salió de inmediato a denunciar, por enésima vez en la última década, el intento de un golpe de Estado.
“No podría ser peor”
“La situación no podría ser peor. Al descalabro económico se suma el descalabro político en donde todos, gobierno y oposición, colaboran de la misma manera”, asegura la socióloga Vianis Segura, de la Universidad Central de Venezuela.
Maduro utilizó el jueves más de dos horas del tiempo de los venezolanos para insistir con la tesis del golpe de Estado y denunciar que se venía fraguando desde hacía tres años.
En tanto las protestas no cesaron. Se mantuvieron en la Plaza Altamira y en las autopistas que circundan Caracas, pero también en Táchira y en otras regiones del país, donde abundaron las detenciones de estudiantes, según denuncian los dirigentes estudiantiles.
Ni vencedores ni vencidos
En semejante estado de descomposición económica y social, ya nadie habla de “empate trágico”, entre el chavismo y la oposición, como se hacía hasta hace algunos años.
“En todo caso aquí no habrá ni vencedores ni vencidos, porque el país está entrando en una etapa que necesita urgente, soluciones de fondo que nadie parece tener a la mano”, opina el politólogo Argenis Sandoval.
Tanto Sandoval como millones de venezolanos tienen una sola certeza. Que la esperanza es un lujo que hoy el país entero está imposibilitado de darse y que ya nada, ni siquiera un escenario peor al actual, puede llegar a sorprenderlos.
Fotos: EFE
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