Ciudad de México.- Para México, no hay vuelta de hoja, la legalización de la mariguana es la libertad de elegir. La cuestión gira esencialmente en torno a la cuestión de la libertad de elección frente a la prohibición.
Cada persona debe tener la libertad de decidir qué es lo mejor para sí misma. Todos somos creados en igualdad y libertad. Si hemos sido creados en tal condición, entonces hay que darles la misma libertad de decidir sobre nuestro propio comportamiento y actuar de manera responsable, siempre y cuando no perjudique los derechos de los demás.
Está demostrado que la prohibición no funciona. La guerra dramática contra las drogas en México, en la que han muerto decenas de miles de jóvenes mexicanos, es una prueba del fracaso de la prohibición. Estas personas no nacieron criminales, no poseían la maldad en sus genes y, sin embargo, debido a una política pública deficiente, debido a la falta de educación y de información, debido a la falta de mejores incentivos económicos y oportunidades, se convirtieron en víctimas de una guerra demencial contra un enemigo que nunca podremos derrotar por las prohibiciones actualmente vigentes.
México no es un productor o consumidor de drogas significativo; no obstante, debido a su geografía única —situado entre los países productores de drogas al sur y un país gigante consumidor de drogas hacia el norte—, estamos atrapados en esta guerra permanente. Debemos liberarnos de ella.
Por su parte, los Estados Unidos han demostrado una incapacidad total para hacer cumplir sus propias leyes e impedir la importación y distribución de drogas en su propio territorio. Sólo queda preguntarse cómo ha ocurrido esto —un montón de drogas cruzan fácilmente la frontera de México a los Estados Unidos antes de ser objeto de trata y venta en todos los rincones de ese país—. Simplemente me pregunto ¿Quién lava el dinero y compra las armas y municiones en los Estados Unidos? Y ¿quién trae el producto de regreso a México para sobornar a la policía, funcionarios públicos, incluso a los miembros del Ejército? Las estimaciones señalan que unas 2 mil armas se introducen de manera ilegal de Estados Unidos a México cada día, una cifra que seguramente pudo haber aumentado en años recientes (Small Arms Survey, 2011).
Si adoptáramos una política de regulación junto con la despenalización de las drogas, entonces tendríamos el dinero (a través de los impuestos) para operar iniciativas de educación, de información y de regulación y no tendríamos que llevar la inmensa carga del costo de la guerra de las drogas sobre nuestros hombros.
En este nuevo paradigma, asumiendo la responsabilidad de la propia salud, significaría consumir drogas de manera responsable y controlada, de la misma manera que la sociedad actualmente establece su expectativa para fumar o beber.
La opinión pública está a favor de la legalización de la mariguana por encima de las políticas prohibicionistas de gobierno. La tendencia está bien establecida y, al igual que muchas otras prohibiciones, ésta debe finalmente dar paso a la libertad de elección ejercida de una manera educada y responsable.
Cabe recordar que el Centro Fox ha sido un parteaguas en el debate sobre la legalización de la mariguana. De consulta obligada son las conclusiones del Primer Simposium EU-México sobre Legalización y Uso Médico de Cannabis, celebrado del 18 al 20 de julio de 2013, así como el programa de debate denominado “La era de las definiciones”, cuya emisión transmitida por TV Azteca en septiembre del año pasado abordó con especialistas el tema de la legalización y la despenalización de la mariguana.
Médicos, especialistas, activistas, líderes de opinión pública, comunicadores, legisladores, asambleístas, expertos y funcionarios públicos que asistieron al simposium y se nutrieron de ideas, han insistido en estos días en debatir la legalización de la mariguana más allá de ideologías y en “desestigmatizar” la investigación para su uso medicinal. Inclusive, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, declaró que ve “con simpatía el surgimiento de políticas alternativas sobre drogas como el reciente avance de Uruguay hacia la legalización de la mariguana o la discusión para regularla en México”.
Esta misma Comisión Global se ha mostrado a favor de cambiar el paradigma del combate al narcotráfico después de más de cuatro décadas de vigencia y escasos resultados.
La iniciativa de ley que presentó la izquierda mexicana en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para regular el consumo de la mariguana, a pesar de que ha merecido el apoyo de cuatro ex presidentes latinoamericanos que integran la Comisión Global de Políticas de Drogas de las Naciones Unidas, acompañada de una felicitación al jefe de Gobierno del Distrito Federal por su compromiso y liderazgo a la hora de diseñar mejores políticas sobre las drogas, la verdad es que es una iniciativa que se ha quedado corta respecto a la legislación de otros países que nos llevan camino andado y que está enfrentado a una oposición que esgrime argumentos obsoletos ya superados.
Nuestro país sigue estando tarde y, sobre todo, sin resolver la parte fundamental que es evitar las 40 muertes diarias a causa de los cárteles del narcotráfico.
Mientras en Estados Unidos, Uruguay y en España, específicamente la ciudad de Barcelona, avanza la legalización de la mariguana, en México las iniciativas en la materia van muy lentas.
La parte que está empujando fuerte las iniciativas es una corriente de legisladores federales y locales que han estudiado el tema, que han visitado otros países, que han observado las experiencias en la materia de Estados Unidos, Holanda, Portugal, Australia, entre otros.
Sin embargo, el gobierno federal y el Gobierno del Distrito Federal no están siendo vanguardistas, más bien, están a la defensiva, resistentes al cambio y se perciben titubeantes y tibios, pero el proceso de legalización ya es irreversible.
México empezó tarde este proceso de legalización y la respuesta no ha sido tan rápida como se necesita. Se requiere actuar pronto y contundentemente para disminuir la violencia, alcanzar la paz, la armonía y mejorar la muy deteriorada imagen de nuestro país en el extranjero. Solamente así México volverá a tener el liderazgo que lo caracterizó durante mucho tiempo.
La libertad de elegir y decidir es nuestra, ejerzámosla.







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