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Las difíciles condiciones económicas del país incluso han obligado a las familias a rentar sarcófagos para el velorio y recurrir a la cremación del cuerpo para ahorrarse el gasto del terreno en un cementerio
Los venezolanos pasan trabajo para resolver la vida diaria, pero también para sobrellevar la muerte. El alto costo y la escasez de materiales complican la adquisición de ataúdes, por lo que se están fabricando de tablones baratos y hasta de cartón.
Muchos dolientes hacen malabares frente a los gastos de un funeral: se prefiere la cremación a la sepultura para no pagar fosa en el cementerio, el velorio se ha reducido de 24 a ocho, cuatro o dos horas, algunos contratan sólo el “servicio directo” al crematorio o al panteón y hay quienes alquilan los féretros únicamente para la vela.
Ante estas dificultades del último adiós, Elio Angulo, un emprendedor de Barquisimeto (365 km al suroeste de la capital), apuesta por el “biocofre”, una urna de cartón corrugado, 70% de producto reciclado, que diseñó con un socio y pronto sacará a la venta.
“Tiene los dos ecos: ecológico y económico. Es para la cremación, pero también puede usarse en inhumación. Nuestra propuesta trae soluciones en un país en crisis”, declara
En un país donde el ingreso mínimo mensual es de 33.000 bolívares (50 dólares aproximadamente), los costos de los servicios funerarios preocupan a una población asfixiada por la escasez de alimentos y la inflación más alta del mundo.
Hace cinco años, antes del gobierno de Nicolás Maduro, una urna valía 720 bolívares, lo que hoy cuesta una barra de pan.
“Un servicio funerario costaba 4.500 bolívares, y ahora el más económico 280.000, pero puede llegar a 400.000 y 600.000 bolívares. Es más caro morirse que estar vivo”, manifiesta.









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