Liborio deja fuera a “los suyos”

- Nov 28, 2011

>Guadalajara.- El futbol está lleno de contrastes. En la cabecera norte del estadio Omnilife, José Saturnino Cardozo arenga a los cerca de ocho mil aficionados que hicieron el viaje desde Querétaro. Junto a él, el delantero Carlos Bueno agita su camiseta viendo también a la tribuna. Y la figura del encuentro, el arquero Liborio Sánchez, grita incontrolable. Es la imagen viva de la euforia.

En el centro del campo se escenifica el lado opuesto del balompié. Fernando Quirarte mueve la mano izquierda de abajo hacia arriba. Intenta reanimar a los suyos. Héctor Reynoso pasa junto a él. Va cabizbajo. Con esfuerzo, mira de reojo a su técnico. Sigue de largo. Sus compañeros hacen lo mismo. El 0-0 (1-2 global) deja fuera de la Liguilla al Rebaño Sagrado. Es la imagen viva del fracaso.

Chivas es una víctima más de la “maldición del superlíder”, esa que marca que nunca un puntero ha podido coronarse en un torneo que finaliza en diciembre, desde que las campañas a una sola vuelta se implantaron en nuestro país. De nada sirve haber tenido el control absoluto del duelo de vuelta en los cuartos de final. Una y otra vez, el Rebaño Sagrado se topó con Liborio Sánchez, convertido en gigantesca figura imposible de pasar.

Desde el silbatazo inicial, Guadalajara hace lo que debe: busca el arco contrario. Sin embargo, esta vez lo intenta de una forma distinta: Alberto Medina acompaña al “Cubo” Torres en el ataque. Marco Fabián entra un poco atrás de ellos. Jesús Sánchez volantea por derecha. No es el orden de todo el torneo. Y eso cobra factura. Mucha velocidad, pero poca precisión.

Liborio, de formación rojiblanca, erige su propia leyenda desde el primer tiempo. Primero, saca un cabezazo del Cubo al 18’ con puro reflejo. La desviada a tiro de esquina llena de confianza a sus compañeros. Aunque no ataca, el Querétaro se da cuenta de que está bien protegido atrás.

Enseguida se aplica en otro remate de Jorge Enríquez, quien encuentra un rebote dentro del área y cabecea “bombeado”, pero Liborio no sabe de imposibles esta noche. Se estira, tirando el cuerpo hacia atrás y desvía milagrosamente. Miles de queretanos detrás de su arco lo ovacionan.

Su épica actuación continúa al 40’. Es el “Chatón” quien de nuevo se levanta dentro del área. El cabezazo es cruzado. Difícil para cualquier arquero. Pero hoy, Sánchez no conoce de balones inatajables. Vuela y a una mano desvía el balón. Es una muralla.

La segunda parte es una repetición: Guadalajara volcado al frente y Querétaro agazapado en su propio territorio. Al fin y al cabo, no necesita más. Es Chivas el obligado. Por eso, su técnico Fernando Quirarte hace cambios osados: Antonio Salazar y Omar Arellano por Mario de Luna y Patricio Araujo. Dos delanteros por un defensa y un contención.

El Rebaño Sagrado ataca con seis, pero sin claridad. Una regla no escrita del futbol: ofender con muchos delanteros, no necesariamente significa hacerlo bien. Sin un surtidor de balones para esos seis jugadores, el Guadalajara se pierde en su propia desesperación, ante una escuadra que cuenta con un monstruo bajo los tres palos.

Querétaro hace lo suyo. En general, controla bien a los rojiblancos y cuando por alguna razón se pierde una marca, atrás está siempre su arquero. La figura de Liborio toma forma de héroe al minuto 90: una pelota prolongada llega hasta el “Hulk” Salazar, quien solo y sin marca acomoda el cuerpo, remata potente, con dirección del milagroso gol, pero la mano de Sánchez aparece una vez más. Enorme desviada que acaba con los sueños del Rebaño superlíder, como le ocurrió en el Clausura 2008, cuando también fue puntero del certamen.

Una noche gloriosa para el portero, que se convierte, en 90 inolvidables minutos en el verdugo del equipo que lo vio nacer. Chivas no pudo contra la “maldición”. Querétaro, en cambio, vive un sueño, del que no quiere despertar. Son los contrastes propios del futbol.

 

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