María Espinoza, doble medallista olímpica

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Ciudad de México (EL UNIVERSAL).- María del Rosario Espinoza espera sonriente, sabe que el 11 de agosto es un día que nunca se borrará de su mente, pues en 2012 logró colgar sobre su cuello la segunda presea en Juegos Olímpicos.

La sinaloense está ansiosa por sumergirse en una vuelta al pasado y revivir el episodio que la catapultó como una de las mejores atletas de nuestro país.

“Recuerdo sobre todo los días antes, previo a mi competencia estaba un poco ansiosa, pero a la vez tranquila, confiaba en el trabajo que había hecho”, son sus primeras palabras y después rememora lo sucedido durante la ceremonia de inauguración, el momento en que caminó liderando a la delegación mexicana.

“Fue un gran orgullo el hecho de llevar la bandera de mi país, cuando entré al estadio olímpico fue algo que la verdad no me lo imaginaba”, señala.

-¿Te presionaba el ser considerada favorita para ganar medalla?

“Yo no lo veía así, igual y mucha gente me tenía en ese concepto, pero para no sentirme presionada yo me sentía como si fueran mis primeros Juegos Olímpicos, con la seguridad de ya haber vivido unos; no me sentía con esa responsabilidad de que tenía que ganar una medalla porque tenía que ganarla, sino porque simplemente estaba viviendo el momento de mi competencia y sabía lo que había trabajado”.

Después viene a la mente de la taekwondoín cuando cayó en cuartos de final ante la serbia Milica Mandic en un polémico combate que la dejó sin posibilidad de refrendar el título olímpico que había ganado cuatro años atrás.

“Tenía que esperar a que la competidora que a mí me ganó fuera a la final para poder irme a repechaje”, se detiene por un momento y luego continúa:

“En una competencia tan importante como Juegos Olímpicos lo que deseas ganar es la medalla de oro, pero una vez que ya no pude avanzar tenía que esperar. Una vez que se abrió el camino era buscar la última oportunidad de llevar una medalla para mi país… Entonces de quedarme sin nada a quedarme con el bronce lo que hice fue luchar”.

María lo logró. Se cayó anímicamente, pero se levantó a la velocidad de la luz para subir nuevamente al podio; esta vez había vencido a la cubana Glenhis Hernández; con el bronce conseguido rompió en llanto.

“En ese momento no captaba de que era doble medallista olímpica, simplemente era la emoción de haber conseguido otro sueño más... Ya conforme iba pasando el tiempo fui haciendo conciencia de que ya era doble medallista olímpica, es algo que siempre había anhelado”.

La deportista mexicana no olvida el momento, pero afirma que no puede vivir del pasado, por lo que desde ahora pone su mente en Río 2016; paso a paso, dice María, pues aún le falta mucho camino por recorrer.

 

Foto: Mexsport

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