>• Ayer no fallaron ni Real Madrid ni Barcelona, quien tuvo el mayor yerro fue el árbitro con esa expulsión, que era sólo de amarilla
El triunfo del Real Madrid en la final de la Copa del Rey dejó secuelas y cuentas por saldar, dentro y fuera de la cancha, entre Real Madrid y Barcelona.
Hubo muchos roces entre los jugadores. Tantos, que Vicente del Bosque, director técnico de España, no ocultó su preocupación, porque piensa que estas discusiones y entradas fuertes entre los clubes que más jugadores aportan a la selección española, puede afectar la relación interna en el equipo nacional.
El partido de ayer, correspondiente a las semifinales de la Champions, se calentó aún más por las declaraciones hechas por los dos entrenadores.
Estamos habituados a que José Mourinho diga que le gustaría que los árbitros tengan una buena actuación, y que pueda jugar con su 11 completo, porque contra el Barcelona, muchas veces ha terminado con 10 en el campo, lo que facilita la labor del equipo catalán.
Por otra parte, acá en España se especula que Ángel María Villar, presidente de la Real Federación Española de Futbol, es defensor del Barcelona. Villar es, además, titular de la Comisión de Árbitros de la UEFA y presidente de la Comisión de Árbitros de FIFA, así que puede influir en la designación de árbitros en las competiciones europeas.
Previo al partido en el Santiago Bernabéu, las provocativas declaraciones de Mourinho surtieron el efecto deseado en Guardiola, quien había resistido a la tentación de responderle a su astuto colega durante toda la temporada.
Pero el martes, Pep mordió el anzuelo y le contestó fuerte, muy fuerte al técnico portugués: "En esta sala, él es el puto jefe, el puto amo, es el que más sabe del mundo y yo no quiero competir ni un instante. Sólo le recuerdo que hemos estado juntos cuatro años".
En España se dijo que "se le fue la olla"; en México diríamos que "se le fueron las cabras". ¿Dónde quedaron la sensatez, la caballerosidad y coherencia que mostraba Guardiola en sus declaraciones?
Todo esto pasa por la polémica designación del árbitro para el juego de la Champions. Primero se dijo que podría ser un portugués, pero Guardiola brincó, porque Mourinho y Cristiano Ronaldo son de esa nacionalidad. Cuando se supo que era alemán y que había tenido decisiones favorables al Barcelona, la ámpula volvió a levantarse. Al final, el árbitro resultó ser el protagonista del partido.
Un juego caliente
Ambos equipos salieron en plan de no arriesgar demasiado. El primer tiempo fue tedioso. Ni el Real Madrid (local) quería recibir un gol ni el Barcelona quería irse al frente con mucha peligrosidad; se conformaba con tocar el balón sin mucha profundidad.
Pasados esos 45 minutos, el control del balón fue del Barcelona, pero no generó mucho, sólo dos llegadas de peligro: una de El Güaje Villa y una más de Xavi, que Íker Casillas atajó. Por el Real Madrid, Cristiano Ronaldo tuvo la única.
El segundo tiempo se prestaba para un 0-0, pero vinieron los roces, las entradas fuertes y la decisión que desbalanceó el juego: la expulsión de Pepe, el jugador que había ayudado a destruir el juego del Barcelona en partidos anteriores.
El árbitro tomó una decisión acelerada, dudaba qué tarjeta sacar, hasta que el juez de línea lo apoyó y se decidió por la roja. Esa expulsión terminó con el espectáculo y con lo que pudimos presenciar en el juego de vuelta en el Camp Nou.
A partir de ese momento, el Barcelona aprovechó los espacios que con 11 jugadores blancos no encontró. Los culés, con infinidad de toques, intentaban desdibujar la defensa del Real Madrid. Fue hasta el minuto 31 cuando Afellay, aprovechándose de un resbalón de Marcelo, llegó a línea de fondo, centró y con velocidad y anticipación, Messi anotó el gol que inclinaba la balanza.
El juego ya estaba muy estudiado, y seguramente habría terminado cero a cero, no sólo en este, sino en muchos juegos más, claro, 11 contra 11. El que se equivocara primero iba a perder, y el que se equivocó no fue Pepe (su entrada a Dani Alves fue fuerte, pero ameritaba sólo la amarilla); no se equivocaron ni Real Madrid ni Barcelona, quien se equivocó fue el árbitro con esa expulsión, que dio oportunidad para que el Barcelona cambiara el destino del juego.
El segundo gol de Messi fue, en parte, una consecuencia de que varios jugadores merengues, como Lass y Raúl Albiol, ya estaban advertidos, y por eso no fueron capaces de detenerlo con una falta fuera del área.
El Barcelona se impuso, tanto por su armonía en el juego como por tener un hombre más en la cancha. Los blaugrana tienen pie y medio en la gran final, junto con el Manchester United.
Muy a mi pesar —aunque en el futbol nada está decidido— debo reconocer que sólo un milagro haría que el Real eliminara al Barça en el Camp Nou. Me temo que el Barcelona llegará a la final, así que apoyaré incondicionalmente al Manchester United (que también tiene pie y medio en la final), porque ahí está El Chicharito, y porque jamás, jamás, celebraré un triunfo del Barcelona.
¡Que te lo digo yo!





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