>Houston.- Desahogó toda la furia acumulada con la patada voladora que marcó el colofón del festejo que cimbró al Reliant. Aldo de Nigris volvió a ser el bálsamo de un equipo que sufrió demasiado para avanzar a su séptima final en la historia de la Copa de Oro.
Dio la clasificación al Tricolor con una acrobacia. Levitó menos de un segundo; tiempo suficiente para contactar el balón que se anidó en la portería catracha. Cuarta anotación del regio en el certamen; valiosa como ninguna, lo que explicó el descomunal grito que pegó mientras sus compañeros se embriagaban de júbilo.
La malaria ante Honduras fuera de casa terminó en el tercer minuto del tiempo extra, gracias al arrojo de un hombre que vive en estado de gracia, para el que entrar a solucionar los apuros de la Selección es ya una dulce costumbre. Emotiva definición para el encuentro 50 del equipo nacional en el certamen de la Concacaf.
Sus ojos se tornaron cristalinos cuando volvía a la mitad de cancha para la reanudación. Sabía que acababa de firmar uno de los tantos más importantes de su carrera, el que reafirmó su etiqueta de pieza clave para José Manuel de la Torre. Auténtico titular disfrazado de suplente.
Titán con potencia física, pero también con hambre de trascender, cualidades que volvió a mostrar en el tiro de esquina que concluyó con la definición de Javier Hernández (99'). El 2-0 definitivo.
El Chicharito apareció sólo frente a la línea de gol, porque De Nigris impuso su fuerza para anticiparse y peinar el esférico. El chico sensación del balompié nacional entendió la valía de su compañero, con quien se fundió en un emotivo abrazo.
Nueva explosión ofensiva del representativo dirigido por El Chepo, al que le han bastado algunos minutos de contundencia en cada juego para aniquilar a los adversarios. El sufrimiento del tiempo regular fue olvidado por los más de 70 mil aficionados que llenaron el inmueble.
Honduras pareció salirse con la suya antes del alargue. Las imprescindibles llegadas por las bandas se desvanecieron ante la fuerza catracha. Andrés Guardado y Pablo Barrera no soportaron ser cazados cuando el balón llegó a sus pies. Se levantaron de las tres primeras patadas que recibieron; después, lo pensaron dos veces antes de intentar desbordar.
Gerardo Torrado e Israel Castro tampoco gobernaron la trinchera. Los dos gladiadores se multiplicaron para recuperar pelotas; el problema es que los adversarios siempre les superaron en número, lo que les permitió controlar el esférico.
La Selección Mexicana fue desconectada por un equipo que la conocía plenamente. Giovani dos Santos sufrió con la presión de los contenciones centroamericanos, mientras que Hernández padeció los estragos de ser marcado por auténticos gigantes de ébano.
La incorporación del amuleto norteño volvió a liberarlo de cierta presión. El tapatío pudo tirarse a las bandas y fungir como pasador. Le sirvió aquel dorado balón a Giovani, quien extendió el nerviosismo, al igual que Alfredo Talavera, con aquella soberbia atajada a Roger Espinoza.
Aldo decidió cerrar la cortina con su resorte y letal técnica para cabecear. Volvió a ser el as bajo la manga derecha del Chepo, quien llegó a la decena de juegos invicto como estratega nacional (ocho victorias y dos empates).
El último obstáculo antes de llegar a la Copa Confederaciones Brasil 2013 es el eterno rival estadounidense, al que México se medirá cargado de la fe que otorga su titán del área.





Deja tus comentarios