>• Un artículo publicado en el diario vespertino de la Santa Sede, L´Oservatore Romano, se precisa que 36 de los sensores han sido alojados en tubos volantes y los otros 14 han sido afianzados a las cornisas de las paredes
En la Capilla Sixtina del Vaticano se han instalado 50 sensores para controlar la contaminación atmosférica y preservar las pinturas de ese recinto religioso que, en su momento, Juan Pablo II llamó “santuario de la teología del cuerpo humano”.
Así lo informa el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, en un artículo publicado en el diario vespertino de la Santa Sede, L´Oservatore Romano, en el que precisa que 36 de los sensores han sido alojados en tubos volantes y los otros 14 han sido afianzados a las cornisas de las paredes.
“Se trata de largos y un poco inquietantes tubos negros que atraviesan hacia lo alto los murales de la capilla”, precisa con algo de ironía Paolucci, quien señala que el objetivo es controlar el polvo que se genera en el recinto y que causa en los frescos “reacciones químicas no deseadas”. De ahí que el próximo 8 de enero, durante la tradicional misa que oficia el Pontífice en la Sixtina, en la que bautiza a varios niños, los asistentes estarán “acompañados de visitantes extraños, que captarán las partículas de polvo”, agrega.
La Capilla Sixtina recibe cada año cientos de miles de visitantes que son imposibles de contabilizar porque, según Paolucci, aunque se restrinja el número, siempre hay muchos que regresan tras pasar por los Museos Vaticanos para “tenerla viva en el corazón”.
“Con este objetivo -dijo Paolucci- se han instalado termo-cámaras que cuenta a las personas sobre la puerta de entrada y sobre las dos de salida”, para así poder controlar, además, las emanaciones de polvo y de algunas otras sustancias.





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